Actividad Sociedad de Socorro – Conociendo Chile

octubre 14, 2008

Una hermosa actividad…

 

Gracias a Jose Antonio Aravena Salamanca por las fotografias publicadas en su perfil de Facebook.

Minicursos de la Soc. Soc “Empanadas de Verduras”

octubre 4, 2008

Aqui algunas fotos del mini curso de la Soc.Soc  en Casa de Rosita Herrera.. hicieron empanadas de verduras.. aqui aparece el catador oficial Victor dando el primer mordisco y opinión de la creación de las hermanas, yo por mi parte las encontre muy ricas… Felicitaciones hermanas… y ahora a hacerlas en sus casas para que sus familias las puedan disfrutar….. mmmmm ricas…


Conferencia General de la Sociedad de Socorro

septiembre 29, 2008

Hermanos:

Les dejo el link para ver en linea la Conferencia de la Sociedad de Socorro, transmitida en dia de ayer.

 

Conferencia en Linea


Sociedad de Socorro

septiembre 22, 2008

Lo que significa ser una hija de Dios

Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

“El cometido y la dedicación de las hermanas de esta Iglesia han sido desde el comienzo un ingrediente maravilloso y fortalecedor”.

Mis amadas hermanas. Me siento muy humilde al estar con ustedes. Tenemos el honor especial de contar esta noche con la presencia del presidente Hinckley y del presidente Monson. La música de este magnífico coro ha sido edificante y la conmovedora oración de la hermana Butterfield fue una invitación para que el Espíritu del Señor esté con nosotros. Nos hemos sentido inspirados por los mensajes de la hermana Jensen, de la hermana Dew y de la hermana Smoot, quienes han hablado acerca del tema de esta conferencia: “Canta y alégrate, hija de Sion; porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová”1. Cada una de ustedes, como hija de Sión, irradia fe y bondad.

El respeto y la admiración que siento por ustedes, maravillosas hermanas, jóvenes y mayores, van más allá de toda expresión. Por favor acepten nuestro agradecimiento por su fe, su devoción y sus ejemplos de rectitud. El cometido y la dedicación de las hermanas de esta Iglesia han sido desde el comienzo un ingrediente maravilloso y fortalecedor de la Iglesia. Los problemas que enfrentan en la actualidad son diferentes de los de sus antecesoras, pero no por ello menos reales.

Esta noche voy a hablar de lo que significa ser una hija de Dios. El nuevo lema de la Sociedad de Socorro comienza así: “Somos hijas espirituales de Dios amadas por Él”. El ser hija de Dios significa que ustedes son progenie de la Deidad, descendientes literales de un Padre Celestial, que han heredado un potencial y atributos divinos. El ser hija de Dios también significa que han nacido de nuevo, que han sido cambiadas de un “estado carnal y caído, a un estado de rectitud”2.

Una jovencita se dio cuenta más plenamente de la magnífica relación que tenemos con nuestro Padre Celestial cuando dejó su casa por primera vez para asistir al colegio universitario. Su padre le dio una bendición y le dijo cuánto la quería. Luego ella escribió:

“Me aferré a sus palabras de amor y de apoyo mientras con congoja me despedí de mi familia. Me sentí sola y temerosa en esas aguas desconocidas. Esa mañana, antes de salir de mi apartamento, me arrodillé para pedir ayuda y desesperadamente le rogué a mi Padre Celestial que me diera la fortaleza necesaria para enfrentarme sola a ese mundo de estudios universitarios. El día anterior había dejado atrás a mi familia, a mis amigos y todo lo que me era familiar, y sabía que necesitaba Su ayuda.

“Mis oraciones fueron contestadas mientras meditaba en la tierna experiencia que había tenido con mi padre el día anterior. Una ola de consuelo me cubrió al darme cuenta de que no había llegado a la universidad sólo con la bendición de mi padre terrenal. De pronto sentí que un día, no hacía mucho tiempo, mi Padre Celestial también me había dado el calor de Sus brazos; quizás me dio consejos y palabras de aliento y me dijo que tenía fe en mí, de la misma forma que lo había hecho mi padre terrenal. En ese momento, supe que jamás me encuentro sin el amor perfecto y el apoyo infinito de mi Padre Celestial”3.

El ser miembro de la Sociedad de Socorro, lo cual es un privilegio para toda mujer adulta de la Iglesia, les proporciona un hogar al estar lejos del hogar celestial, en donde pueden confraternizar con otras mujeres que tienen las mismas creencias y valores.

Pensé en esto recientemente mientras nos encontrábamos en la histórica ciudad de Nauvoo, donde visitamos el pequeño edificio en el que se organizó la Sociedad de Socorro con 18 miembros el 17 de marzo de 1842. Pocos días después, el 28 de abril de 1842, el profeta José Smith declaró: “Mediante el orden que Dios ha establecido, esta sociedad recibirá instrucciones por conducto de aquellos que han sido elegidos para dirigir”. Luego hizo esta significativa y transcendental declaración profética: “Y ahora, en el nombre del Señor, doy vuelta a la llave y esta sociedad se regocijará y, desde ahora en adelante, descenderán sobre ella conocimiento e inteligencia. Éste es el principio de días mejores para esta sociedad”4.

Tanto para el Templo de Kirtland como el de Nauvoo, las mujeres respondieron machacando su preciada vajilla de porcelana para que las partículas se utilizaran en las paredes del templo. Desde sus comienzos, grande ha sido el esfuerzo e infinitos los logros que ha realizado esta sociedad.

¿Qué es la Sociedad de Socorro? En mi opinión, su cometido se concentra en cuatro conceptos importantes:

Primero, es una hermandad divinamente establecida.

Segundo, la sociedad es un lugar de aprendizaje.

Tercero, es una organización cuyo propósito básico es el cuidado de los demás. Su lema es: “La caridad nunca deja de ser”.

Cuatro, la Sociedad de Socorro es un lugar en el que se satisfacen las necesidades de la mujer de rozarse a un nivel social.

La participación en la Sociedad de Socorro puede ayudar tanto a las hermanas jóvenes como a las mayores a ser mejores hijas de Dios. Ustedes, jovencitas, quizás piensen que no tienen mucho en común al reunirse con sus madres y abuelas. Sin embargo, como dijo Bethany Collard, de 19 años: “Los atributos que las Mujeres Jóvenes comienzan a establecer. . . la Sociedad de Socorro los sigue edificando y manteniendo”. Ella empezó a “ver las buenas obras que realizan las hermanas miembros de la Sociedad de Socorro”, porque las buenas obras son algo común de las hermanas de todas las edades. De hecho, son los lazos que las unen sin importar su edad o condición. Como dijo Bethany: “Todas esas cosas son características de una mujer divina que es una digna hija de Dios”5. En la letra de uno de los himnos que cantamos, Emily H. Woodmansee escribió:

El Padre nos dio la tarea sagrada
de amar, socorrer con fiel abnegación,


de hacer lo virtuoso, lo digno, lo bueno,
Servir, alentar y tener compasión6.


Es posible que algunas de las hermanas mayores se pregunten: “¿No he escuchado ya todas las lecciones de la Sociedad de Socorro? ¿Qué necesidad tengo de ir a la Sociedad de Socorro todas las semanas?”. La respuesta a estas preguntas podría encontrarse al relatar la historia de un joven estudiante de piano. Su madre, con deseos de alentarlo, “compró boletos para la actuación de Paderewski, el gran pianista polaco. Llegó la noche del concierto y madre e hijo se acomodaron en sus asientos en las primeras filas de la sala. Mientras la madre conversaba con algunas amigas, el niño se alejó silenciosamente.

“De pronto, llegó el momento de dar comienzo a la función y un rayo de luz atravesó la obscuridad de la sala, iluminando el gran piano de cola que estaba en el escenario. Fue entonces que el público se dio cuenta del pequeño que se encontraba sentado ante el piano, tocando inocentemente una canción infantil (‘Twinkle, Twinkle, Little Star)”.

“La madre se quedó boquiabierta, pero antes de que pudiera moverse, Paderewski apareció en el escenario y rápidamente se dirigió hacia el teclado. Con un susurro le dijo al niño: ‘No te detengas. Sigue tocando’. Luego, inclinándose, el maestro comenzó a tocar el acompañamiento con la mano izquierda. Poco después extendió el brazo derecho hacia el otro lado, rodeando al niño, para agregar una improvisación a la melodía. Juntos, el viejo maestro y el joven principiante, mantuvieron fascinada a la concurrencia.

“En la vida, no importa lo poco que sepamos, el Maestro es el que nos rodea y nos susurra una y otra vez al oído: ‘No te detengas. Sigue tocando’. Y a medida que lo hacemos, Él nos incrementa y complementa hasta crear una obra de extraordinaria belleza. Él está allí, junto a todos nosotros, diciéndonos una y otra vez: ‘Sigue tocando'”7.

Si en verdad ya “lo han escuchado todo”, no hay duda de que necesitarán que se lo recuerden. Además, como dijo el presidente Hugh B. Brown: “Mientras que la teología puede serle atractiva sólo al intelecto, la religión toca el corazón. . . La teología puede tratarse sólo de retórica, mientras que la religión requiere la acción”8. Para implementar su lema, “La caridad nunca deja de ser”, es necesario proceder.

Todos tenemos una gran deuda de gratitud para con Eva. En el Jardín del Edén, a ella y a Adán se les mandó no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, pero a la vez se les dijo: “No obstante, podrás escoger según tu voluntad”9. La opción consistía en, o bien seguir la existencia confortable que llevaban en el Edén, donde nunca llegarían a progresar, u optar por una salida trascendental a la vida terrenal con todo lo opuesto inherente a ella: dolor, pruebas y la muerte física, en contraposición a la dicha, el progreso y el potencial de obtener la vida eterna. Al contemplar esta disyuntiva, se nos dice: “Y cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer. . . y un árbol deseable para darle sabiduría, tomó ella de su fruto y comió, y dio también a su marido, y él comió con ella”10. Y de esa forma comenzaron su probación y paternidad terrenales.

Una vez que se hubo hecho la elección, Adán expresó así su gratitud: “Bendito sea el nombre de Dios, pues a causa de mi transgresión se han abierto mis ojos, y tendré gozo en esta vida, y en la carne de nuevo veré a Dios”11.

Después de salir del Jardín del Edén, Eva hizo una declaración aún más extraordinaria de visionaria sabiduría: “De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes”12. Si no hubiese sido por Eva, ninguno de nosotros estaría aquí.

El profeta Lehi nos dijo:

“Pero he aquí, todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe.

“Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo”13.

El presidente Joseph F. Smith registró su visión de las huestes de los muertos, en la que vio a los grandes y poderosos, entre los cuales se encontraban Adán y Eva, y nos describe el ámbito en que vio a Eva con éstas palabras: “Y nuestra gloriosa madre Eva, con muchas de sus fieles hijas que habían vivido en el curso de las edades y adorado al Dios verdadero y viviente”14. En verdad, nuestra madre Eva dejó un legado eterno que continúa a través de las edades para bendecir la vida de todos los hombres y mujeres.

Como hijas de Dios, no se pueden imaginar el potencial divino que cada una de ustedes posee. El baluarte secreto de la fortaleza interior de la mujer es, sin duda, su espiritualidad. Cuando se han convertido verdaderamente al Evangelio, ustedes son iguales e incluso superan a los hombres, tanto en fe, como en moralidad y dedicación. Ustedes tienen “más fe en el Señor [y] más fuerza y valor”15. Esa facultad espiritual interior parece que les diera cierta capacidad para hacer frente al dolor, a los problemas y a la incertidumbre.

Ustedes no tienen idea de los dones y los talentos que poseen. Todas las mujeres tienen rasgos atractivos; no me refiero a los atractivos que pueda tener una modelo, sino a los que emanan de la personalidad, la actitud y los sentimientos. Les insto, por tanto, a realzar los dones femeninos naturales que Dios les ha dado, con los cuales han sido tan ricamente bendecidas. Ninguna de ustedes debe sentirse tan complacida consigo misma como para dejar de preocuparse de cómo se ven o cómo se comportan. En su época, el presidente Brigham Young instó a las mujeres a obtener una educación académica, consejo que todavía sigue siendo vigente; pero me apresuro a agregar: en el curso de sus logros, no pierdan su encantadora femineidad.

Hermanas, ustedes desconocen el alcance total de su influencia. Ustedes enriquecen a la humanidad entera. La vida humana comienza con ustedes. Toda mujer aporta su fortaleza excepcional al seno familiar y a la Iglesia. El ser hija de Dios significa que si buscan su verdadera identidad podrán encontrarla; sabrán quiénes son y eso las hará libres; no libres de las restricciones sino más bien de las dudas, de las preocupaciones y de la presión que ejerzan las amistades. No tendrán que preocuparse de: “¿Me veo bien?”, “¿me expreso bien?”, “¿qué pensará la gente de mí?”. La convicción de que son hijas de Dios les brinda un sentimiento de seguridad en su propia valía, lo cual significa que podrán encontrar fortaleza en el bálsamo de Cristo. Dicha convicción les ayudará a soportar las congojas y los problemas con fe y serenidad.

Hermanas, me pregunto si pueden apreciar plenamente los dones, las bendiciones y todas aquellas cosas innatas con las que han sido dotadas, sencillamente porque son hijas de Dios. Es un error que la mujer piense que la vida comienza sólo con el matrimonio. Toda mujer puede y debe tener su propia identidad y sentirse útil, valorada y necesitada, ya sea soltera o casada. Debe confiar en que puede hacer algo por alguien que nadie más puede hacer en esta vida.

Los profetas de Dios han asegurado repetidamente a las fieles mujeres solteras que ellas pueden ser exaltadas. La exaltación requiere que reciban las ordenanzas y las bendiciones selladoras, lo cual, claro está, significa que tendrán que sellarse a un digno poseedor del sacerdocio en la vida venidera y disfrutar así de todas las bendiciones del matrimonio.

Mi tía abuela Ada nunca se casó. Quizás ella creía en la filosofía: “Cuando me siento aburrida de esta vida de soltera, pienso en todos los hombres con los cuales, por suerte, no estoy casada”. En todo caso, ella fue una de las primeras mujeres médicos del estado de Utah. Cuando yo era pequeño, mis hermanos y yo solíamos dormir afuera, en el porche cerrado de nuestra pequeña casa. Un día, mientras saltaba sobre la cama para ver cuán alto podía llegar, salté demasiado cerca de la pared y me desgarré la cara con un clavo que sobresalía. ¡Bueno, necesito tener alguna excusa por mi apariencia! Se llamó entonces a la tía Ada para que me cosiera la herida. En otras ocasiones, cuando no nos sentíamos bien, ella nos daba aceite de castor y leche de magnesia; y cuando estábamos resfriados llegaba con cataplasmas de mostaza que hacían arder de calor nuestro pecho. Hoy día, cuando tengo achaques, los cuales se hacen cada vez más frecuentes a medida que envejezco, desearía que la tía Ada estuviera aquí para mantenerme saludable. Cada vez que me miro al espejo y veo la cicatriz –un recordatorio constante de mi tropiezo con el clavo– un gran amor por la tía Ada me llena el alma. Ella cumplió una función sumamente importante en mi vida.

De todo corazón, insto a las hermanas que han recibido su investidura a que obtengan las bendiciones, la paz y el consuelo del templo. El ser merecedoras de asistir al templo les proporciona una gran protección espiritual, aún a aquellas que no tengan la oportunidad de asistir con regularidad para recibir sus bendiciones. En Su sabiduría infinita, el Señor requiere que los hermanos dignos de asistir al templo posean el manto del sacerdocio para poder entrar, pero en cambio permite que las hermanas entren únicamente en virtud de su dignidad personal.

Hace unos años, después de asistir al templo por primera vez, una hermana me escribió:

“¡Qué bendición tan gloriosa la de haber estado en esa casa! Abrí bien los ojos, los oídos y el corazón para asimilar sus enseñanzas. Sentí con todo mi ser la veracidad de los convenios que hice allí dentro. Cada vez que hacía un convenio, sentía que me encontraba de pie ante el Señor; Su influencia fue tan extraordinaria que no deseaba irme del templo al término de la sesión. Se me hizo realidad entonces el comprender que de verdad estaba en el mundo pero que no pertenecía a él”.

Cuatro semanas después, esta hermana volvió al templo para hacer la obra por su madre, y escribió:

“Ésta fue otra experiencia gloriosa. Sentí la presencia de mi madre cuando me encontraba en la sesión de la investidura y, cuando se efectuó el sellamiento de mis padres, sentí literalmente la presencia de ellos en el altar. La influencia del Espíritu Santo en el cuarto fue tan grande que me eché a llorar mientras era sellada a mis padres. Experimenté una verdadera reunión con ellos y, desde ese día, he sentido su presencia tan cerca que me parece mentira que hayan muerto”16.

Como dice la declaración de la Sociedad de Socorro, ustedes son hijas espirituales de Dios amadas por Él. Además, en una revelación que se recibió por medio del profeta José Smith, se nos dice que “todos los que reciben mi evangelio son hijos e hijas de mi reino”17. Y, como hijas de Su reino, ustedes pueden ser partícipes de todas las bendiciones del Evangelio.

Desde el comienzo de esta dispensación, las muchas contribuciones de las hermanas a esta santa causa han sido realmente admirables. Les testifico, hermanas, que nunca en la historia del mundo ha habido más necesidad que ahora de la rectitud de ustedes, de su ejemplo y de sus buenas acciones para llevar adelante esta santa obra.

Mis queridas hermanas, ruego que los dones divinos que posee cada una de ustedes florezcan en su plenitud. Deseo que puedan expresar plenamente sus ricos atributos femeninos de fortaleza espiritual, bondad, ternura, misericordia y benevolencia, lo cual lograrán a medida que presten servicio al Señor, a su familia y a sus semejantes. Que el Señor las bendiga para que puedan hacerlo, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

NOTAS

<!–[if !supportLists]–>1. <!–[endif]–>Zacarías 2:10.
2. Mosíah 27:25.
3. “Leaving Home”, Caroline Hinckley, New Era, mayo de 1999, pág. 35.
4. Actas de la Sociedad de Socorro de Nauvoo, 28 de abril de 1842; [véase Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 279].
5. Notas de un discurso pronunciado por Bethany Collard, de Idaho Falls.
6. “Sirvamos unidas”, Himnos, N° 205.
7. Pasaje seleccionado de un discurso pronunciado por Ann Woodland, de Idaho Falls.
8. Conference Report, octubre de 1962, pág. 41.
9. Moisés 3:17.
10. Moisés 4:12.
11. Moisés 5:10.
12. Moisés 5:11.
13. 2 Nefi 2:24­25.
14. D. y C. 138:39.
15.”Más santidad dame”, Himnos, N° 71.
16.”The Glorious Moments”, Sipuao Matuauto, Ensign, agosto de 1974.
17. D. y C. 25:1.


Reunión General Sociedad de Socorro

septiembre 22, 2008

La reunión general de la Sociedad de Socorro se realizará el Sabado 27 de septiembre a las 6 de la tarde (Horario Utah) en el Centro de Conferencoias.


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